La total dedicación de nuestro Padre Emilio al servicio de Dios y del prójimo, su ardiente caridad. Su humildad. Su vida de oración hicieron que lo admiráramos como a un hombre totalmente de Dios, digno de nuestro respeto, cariño y adhesión filial. La santidad y unión con Dios le sirvieran nuestro Padre Emilio, como rica fuente de Gracias para la congregación, puesto que la mayor cercanía Cristo da un mayor poder de intercesión. Su santidad debe ser fuente permanente de inspiración e imitación para las sucesivas generaciones.                                                                     (Manual de Espiritualidad pág. 53.)

Estas cualidades son fruto de frecuentes momentos ante la Eucaristía o el Crucificado; esfuerzo personal y confianza absoluta en la providencia de Dios, fueron necesarios para dejarse moldear conforme al soplo del Espíritu Santo, puesto que su mayor alegría era esta. Sumergirse en el abismo insondable e inabarcable de la oración. Muy unido sí a la poderosa intercesión de la Santísima virgen quien fue su compañera de camino y consejera permanente.