Lo que solemos denominar como “la cruz”, en el lenguaje de la espiritualidad, no es otra cosa que Los sufrimientos y contradicciones de la vida. La cruz es un hecho de la condición humana. De suyo las cruces no tienen ningún valor en sí; son una experiencia humana negativa que nadie está llamado procurarse. Pero de otro lado sólo un hecho inevitable, ante el cual como seres humanos, debemos tomar una actitud y darle un sentido.

Es en el cristianismo donde las cruces se encuentran toda su significación. No porque se haga de la cruz un valor en sí, sino porque a causa de Cristo, que asumió la condición humana, incluso el sufrimiento y la cruz,ñ la experiencia de esta Cruz puede ser liberadora para el hombre y encontrar un lugar en la venida del Reino. A causa de Cristo, la cruz puede ser asumida como una dimensión de la espiritualidad. Así se comprende la llamada de Jesús a “tomar la cruz”, “ morir como el grano de trigo”. El seguimiento de Jesús es el valor fundamental de toda espiritualidad.

La cruz no se busca en sí; se le encuentra como valor espiritual, en la medida en que seguimos a Jesús, hemos dicho que nuestra Cruz no tiene sentido sino nos incorporamos por ella a la cruz de Cristo. Al entender con los ojos de la fe, la cruz de Jesús, entendemos nuestra propia cruz y la cruz del mundo.

(Tomado del manual de espiritualidad página 160 -161)