«En El y por su sangre fuimos rescatados, y se nos dio el perdón de los pecados, fruto de su generosidad inmensa” (Ef. 1, 7).

Desde el siglo XIX con el Papa Pío IX se ha promovido el culto y la devoción a la Preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo, con el fin de meditar sobre el sacrificio de Jesús en la Cruz y el derramamiento de su sangre por la humanidad. Hoy todos estamos llamados a tomar conciencia de el gran amor de Dios al entregar a su único hijo y del valor redentor de esta Sangre bendita.

El Papa Juan XXIII por su parte pidió que se extendiera cada día más el Culto a la Preciosísima Sangre de Jesucristo; para ello escribió la carta apostólica Inde a Primis sobre el fomento del culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Ah! Si los cristianos reflexionasen con más frecuencia en la advertencia paternal del primer Papa: “Vivid con temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, considerando que habéis sido rescatados de vuestro vano vivir, no con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha!” Si prestasen más atento oído a la exhortación del Apóstol de las gentes: “Habéis sido comprados a gran precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”. (Tomado de la carta apostólica Inde a Primis números 16 y 17).

Estamos en una sociedad sumergida en el pecado que ha perdido el valor de lo sagrado, y que derrama sangre inocente día a día. Miremos hoy la cruz y en ella a Jesús que con cada gota de su Sangre nos llama a la conversión y a refugiarnos en su amor. Ella, tiene Poder de restaurar nuestra vida, nuestra familia, la Iglesia y nuestra sociedad.

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