Hoy celebramos y exaltamos a María como Madre de la Iglesia, pues fue ella, la primera discípula que al encarnar a Jesús en su vientre lo comunicó al mundo entero. En muchas ocasiones que se ha aparecido bajo algunas advocaciones, su único deseo es que miremos con alegría y profunda gratitud a Jesús que dio su vida en la cruz por nuestra salvación y que con gran misericordia nos ofrece su perdón porque El es amor.
Es necesaria la presencia de la madre en la vida personal, cuánto más la presencia de María en la Iglesia para dar ese toque delicado que en ocasiones necesita nuestro corazón abatido y confundido por los avatares del mundo. María, es la llena de gracia, por eso es conveniente acudir a Ella como intercesora y Auxiliadora que es. Precisamente hoy también honramos a esta buena madre con el título de Auxiliadora, porque siempre nos libra de nuestras angustias.
Para nuestra comunidad este es un día de gozo, de fiesta; puesto que nos hemos acogido al patrocinio de María Madre de la Iglesia como advocación con la que nos identificamos. Con el único deseo de que Ella nos ayude a crecer en nuestra vida espiritual y apostólica.
Acojámosla en nuestra casa como lo hizo el apóstol San Juan, dejémonos guiar por sus consejos y renovemos cada día nuestro amor hacia Ella para que nos ayude a ser verdaderos discípulos y misioneros en un mundo tan necesitado de la gracia de Dios. somos instrumentos en sus manos. Acojamos este reto desde el amor.

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